EL DÍA QUE MI MARIDO DESCUBRIÓ QUE ERA HEREDERO DE UNA FORTUNA, ME CAMBIÓ POR SU PROMETIDA… Y YO LE PEDÍ OTRO HOMBRE

descontarla de la venta.

Aquello me importó más de lo que supo.

No estaba convirtiéndome en una mujer mantenida.

Me estaba enseñando a defender el valor de mi trabajo.

6. LA ÚLTIMA HUMILLACIÓN
La tarde anterior al transporte, alguien prendió fuego a una esquina del almacén.

Me despertó el olor a humo.

Salí corriendo y vi llamas bajo el alero.

—¡Lucas!

Él apareció descalzo, con una manta húmeda.

Entre los dos conseguimos apagar el fuego antes de que alcanzara los sacos.

Los vecinos llegaron después.

Algunos ayudaron a traer agua.