con la cooperativa.
La granja ya no dependía de los caprichos de los comerciantes del pueblo.
Lucas continuaba ocupándose de su empresa, viajando cuando era necesario. El resto del tiempo trabajaba conmigo.
Una mañana, mientras revisábamos las primeras plantas, se arrodilló de repente en medio del campo.
Creí que había encontrado una plaga.
—¿Qué pasa? —pregunté alarmada.
Lucas levantó la vista.
Tenía una pequeña caja entre las manos.
—Lily, la primera noche que llegué aquí me diste una hoz.
—Lo recuerdo.
—Pensé que eras la mujer más extraña que había