conocido.
Fruncí el ceño.
—Vaya manera de empezar.
Sonrió.
—Después descubrí que eres la persona más valiente que conozco.
Abrió la caja.
Dentro había un anillo sencillo, con una pequeña estrella grabada.
—No quiero rescatarte de tu vida. Me encanta la vida que has construido. Solo quiero saber si me permitirías compartirla contigo.
Sentí que las piernas me temblaban.
—Lucas, todavía tenemos que alimentar a los cerdos.
—Pueden esperar cinco minutos.
—El agua del canal también está…
—Lily.
Levanté la mirada.
Sus ojos brillaban.
—¿Quieres casarte conmigo?
Esta vez no