sus publicaciones y su prestigio internacional.
Pero lo que más le dolía no era ninguna de aquellas cosas.
Era saber que Ethan recordaba la inteligencia y las ambiciones de Evelyn, mientras él apenas podía recordar cuándo había sido la última vez que le preguntó qué deseaba para sí misma.
—¿Lo quieres? —preguntó finalmente.
Evelyn lo miró.
—Ethan es mi amigo.
—¿Podría llegar a ser algo más?
Ella contempló el cielo despejado.
—No lo sé. Y ahora mismo no es importante.
Adrian asintió lentamente.
—Solo quiero que seas feliz.
Evelyn lo