un programa que ayuda a familias que sufren pérdidas gestacionales. No lo hago para que me perdones, ni para que vuelvas.
Lo hago porque tardé demasiado en comprender un dolor que también era mío, y porque quiero que otras personas encuentren apoyo cuando más lo necesiten.
He aprendido que pedir perdón no obliga a nadie a concederlo.
Espero que estés bien.
Adrian».
Evelyn leyó el correo dos veces.
Luego abrió un cajón.
Dentro guardaba una pequeña fotografía de la ecografía.
La sacó con cuidado.
—Hola, Oliver —susurró.
Las lágrimas aparecieron