sin avisar.
Durante mucho tiempo había intentado mantenerse ocupada para no pensar en todo lo que había perdido.
Pero aquella noche comprendió que seguir adelante no significaba olvidar.
Podía echar de menos a su hijo y, aun así, sentirse feliz por su nueva vida.
Podía recordar a Adrian sin desear regresar a su lado.
Y podía volver a enamorarse algún día sin traicionar a nadie.
Respondió al correo con unas pocas palabras:
«Gracias por recordarlo. Yo tampoco lo olvidaré nunca. Cuídate, Adrian».
Después cerró el ordenador.
Al día siguiente tenía