maestra cerró la puerta.
Después me observó con preocupación.
—Señora Verónica…
Hizo una pausa.
—¿Su hija no le ha contado lo que está pasando?
No pude responder inmediatamente.
Durante unos segundos estuve convencida de que estaba a punto de escuchar la peor noticia de mi vida.
Pensé en Julián.
En el automóvil.
En los secretos.
En el llanto de Camila.
Sentí que las piernas me temblaban.
—Dígame qué está pasando —murmuré.
La maestra respiró profundamente.
—Camila no ha participado en las clases desde hace casi un mes.
La miré sin