funeral de mi padre.
—Abuela… ¿dónde encontraste esto?
Ella bajó la mirada.
—Siempre estuvieron aquí.
—¿Cómo que siempre?
—Yo los guardé.
Creí haber escuchado mal.
—¿Los encontraste después de acusar a mamá?
—No.
—Entonces, ¿qué pasó?
Mi abuela cerró los ojos.
—Nunca desaparecieron, Marina. Los escondí yo misma.
El silencio me golpeó con más fuerza que cualquier grito.
—¿Acusaste a mi madre sabiendo que no había robado nada?
—Sí.
—¿Por qué?
Mi abuela empezó a llorar.
—Porque tu papá murió y yo no podía aceptarlo. Alejandro era mi hijo. Mi