mejillas.
—No tengo ninguna excusa. Fui una mujer cruel, orgullosa y cobarde.
Nadie se movió.
—Durante años permití que mis hijos hablaran mal de ti. Nunca los corregí. Ahora quiero que todos sepan que mentí y que tú jamás me quitaste nada.
Mamá se sentó lentamente.
Durante unos instantes pensé que iba a levantarse y echar a todos de la casa.
Tenía razones suficientes.
Pero simplemente preguntó:
—¿Por qué esperó tantos años?
Mi abuela se cubrió el rostro.
—Porque tenía vergüenza. Y porque fui demasiado orgullosa para pedirte perdón.
Mi