le entregó una copia.
Mariana leyó su nombre.
Luego volvió a leerlo.
Había imaginado ese momento cientos de veces.
Pensó que gritaría.
Que sentiría alivio inmediato.
En cambio, empezó a llorar.
—¿Ya terminó?
—Tu condena, sí. Las investigaciones contra ellos siguen.
Mariana salió al pasillo y llamó a Elvira.
—Ya no soy culpable.
La anciana guardó silencio.
—Para mí nunca lo fuiste.
Los demás procesos tardaron mucho más.
La Fiscalía continuó revisando las transferencias, los documentos societarios y el uso del poder notarial.
Los peritos siguieron el dinero.
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