Salí de prisión después de casi 4 años por un fraude que nunca cometí. Mi esposo se quedó con mi empresa y mi propia hermana dejó de contestarme. Una anciana fue la única que me dio trabajo. Una noche preguntó: “¿Por qué estuviste en prisión?”. Se lo conté todo. Ella guardó silencio, sacó su teléfono y me mostró el mensaje que mi hermana jamás imaginó que yo vería.

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Julián declaró.

Meses después, Esteban y Verónica fueron formalmente acusados por los hechos que las investigaciones lograron sostener.

Mariana se negó a celebrar.

Sabía mejor que nadie que una acusación no era una sentencia.

Casi 2 años después de su liberación, llegaron las resoluciones finales.

Esteban y Verónica fueron condenados por su participación en las operaciones fraudulentas acreditadas y obligados a responder por parte del daño económico.

En procedimientos separados se invalidó la transferencia irregular de las acciones de Mariana.

También se dejó sin