sentó frente a ella.
—Cuando nadie quería darme trabajo, usted me dio una llave. Cuando todos veían una condenada, usted me preguntó si sabía cocinar. Cuando yo ya no tenía familia, usted se comportó como una.
Elvira desvió la mirada.
—¿Y si algún día forma su propia familia?
Mariana sonrió.
—Ya la estoy formando.
Elvira se quedó inmóvil unos segundos.
Luego extendió la mano.
—Acepto con 2 condiciones. Quiero una habitación con ventana al jardín y nadie va a impedirme salir a caminar.
—Trato hecho.
Se mudaron al mes siguiente.