formas.
La cómoda.
La puerta.
La silueta de Mateo caminando por la cocina.
Fui sola al oftalmólogo.
Después de casi una hora de estudios, el doctor se sentó frente a mí.
“Valeria, tu nervio óptico está mostrando señales de recuperación.”
Sentí que dejaba de respirar.
“¿Voy a volver a ver?”
“No puedo prometer cuánto recuperarás. Pero sí. Estás viendo nuevamente.”
Lloré dentro del consultorio.
Quise llamar a Mateo inmediatamente.
Pero se me ocurrió algo mejor.
Esperaría.
Quería recuperar suficiente visión para sorprenderlo.
Quería mirar su rostro por primera vez después