de dos años y decir:
“Te veo.”
Así que seguí usando mi bastón.
Seguí fingiendo que no podía distinguir nada.
Y durante las siguientes dos semanas, mientras Mateo creía que yo vivía en completa oscuridad, empecé a observarlo.
Lo vi quedarse dentro del coche antes de entrar.
Lo vi apoyar la cabeza entre las manos en la cocina.
Lo vi pararse fuera del baño mientras yo me duchaba, como si temiera que pudiera caerme.
Y una noche lo vi hablando por teléfono en el garaje.
“No sé cuánto más puedo