cuestioné una tarde y me respondió con una dulzura que entonces me dolió más que un insulto.
—Tu hermana está aquí, hija, y sus problemas los vemos de cerca. Tú eres tan independiente que parece que nunca nos necesitas.
Durante años me convencí de que aquella era la explicación. Que mis padres querían a las dos, pero solo sabían demostrarlo a quien hacía más ruido.
El expediente judicial destruyó esa excusa.
No se trataba de olvidarse de felicitarme o de no comprender mi profesión. Habían firmado declaraciones destinadas a quitarme