que les diga que estás bien?
Miré la pantalla del teléfono. Tantos años deseando que alguien de la familia hiciera esa pregunta de verdad, sin pedir nada a cambio.
—Gracias, Lucía. Pero necesito que, por ahora, no entres en la pelea.
La noche anterior a la audiencia recibí un mensaje de mi madre: «No sabemos si estás viva, hija. Ojalá Dios nos dé una señal».
Lo leí mientras mi maleta esperaba junto a la puerta. Al día siguiente pensaba darle una señal que ninguno de ellos podría ignorar.
PARTE VI.