El día que mis padres descubrieron quién era realmente
Regresé a Querétaro antes de que amaneciera. Desde la ventanilla del coche vi puestos de tamales, personas esperando el autobús y una señora barriendo la acera de su tienda. El mundo seguía con su rutina mientras el mío se preparaba para romperse por segunda vez.
Inés me esperaba cerca del juzgado. Llevaba dos carpetas: una con los documentos que podían presentarse públicamente y otra con información reservada para acreditar mi identidad y mi situación laboral. A unos pasos, el general Martín,