había encontrado una mentira nueva para salvar la anterior.
—Señora, siéntese —ordenó el juez.
Mi padre se puso en pie y empezó a hablar al mismo tiempo.
—No sabemos quién es. Mi hija lleva desaparecida…
—Roberto —dije.
Se quedó inmóvil. Hacía años que no lo llamaba por su nombre.
—El invierno pasado te envié dinero para reparar una gotera sobre la habitación de mamá. Dijiste que lo devolverías cuando vendieras el coche. Nunca lo hiciste.
Su cara cambió de color.
Blanca apretó los labios. Sabía que ese detalle no podía