comenzó a llorar. Esta vez sí había lágrimas.
—¡Nosotras pensábamos que no iba a regresar! —soltó Blanca, antes de que su abogado pudiera callarla.
La sala quedó en silencio.
No dijo que pensaban que yo estaba muerta. Dijo que no iba a regresar.
El juez ordenó incorporar mi comparecencia al expediente, detener cualquier resolución que pudiera afectar a mis derechos y remitir las posibles falsificaciones y declaraciones engañosas a la autoridad investigadora competente.
Mi padre miró al general, luego a mí.
—Alex… ¿qué clase de trabajo tienes tú?
Durante toda