habría notado.
Yo estaba sentado en el rellano con la señora Beltrán. Ella llevaba una chaqueta de lana verde y sostenía una taza de café con las dos manos.
Paco estaba estirado entre nosotros, ocupando más espacio del que parecía físicamente posible.
Entonces se abrió la puerta del segundo.
Salió Don Ernesto con una caja de herramientas.
—Señora Beltrán —dijo—, la he oído esta mañana decir que el grifo del baño gotea.
Ella se puso colorada.
—Ay, no, no se preocupe. Es una tontería.
—Las tonterías hacen ruido por la