con la investigación y estaba allí para entregar la última documentación interna. Se quedó junto a la puerta, incómoda.
Lucía se acercó.
—¿Te arrepientes de haber entrado aquí?
Marina tardó en responder.
—Me arrepiento de cómo entré. No de haberme quedado el tiempo suficiente para hacer lo correcto.
Lucía asintió.
No había perdones instantáneos ni abrazos de película. Había algo más difícil: consecuencias, verdad y la posibilidad de empezar de otra manera.
Meses después, la empresa adoptó un nuevo nombre elegido por sus trabajadores. El apellido Roldán desapareció de la