estaba pálida.
Sus manos temblaban mientras sostenía una carpeta.
—Yo atendí a las dos mujeres —comenzó—. Y durante seis años he vivido con una culpa que no me ha dejado dormir.
Rebeca intentó interrumpirla.
—¡Esa mujer está mintiendo para salvarse!
Pero Celia continuó.
Contó cómo la hija de Sofía había nacido sin vida.
Explicó que la bebé de Mariana estaba sana y que Rebeca había ordenado intercambiar a las niñas antes de que las madres despertaran.
Reconoció su participación en la falsificación de documentos y admitió que había recibido amenazas