“¡Papá, ella tiene mi mismo corazón!”, gritó la hija del millonario al levantar mi brazo frente a 30 invitados. Yo era la empleada de limpieza y llevaba seis años visitando la tumba de mi bebé. Su abuela quiso despedirme inmediatamente. Me quedé callada, anoté la fecha del cumpleaños y pedí una prueba de ADN. Nadie imaginaba quién había preparado aquella mentira. Advertisements

dos mamás?

—Sí, mi amor.

—¿Y mi mamá Sofía sigue estando en el cielo?

Diego sintió un nudo en la garganta.

—Siempre seguirá siendo tu mamá.

Lucía miró a Mariana.

—¿Y tú eres mi mamá del corazoncito?

Mariana apenas pudo asentir.

La niña levantó su muñeca.

—Entonces, ¿me puedes hacer una trenza? Porque la que me hiciste una vez me duró todo el día.

Mariana sonrió entre lágrimas.

Se sentó detrás de ella, acomodó cuidadosamente su cabello y comenzó a trenzarlo.

Lucía siguió hablando de su escuela, sus amigas y