“¡Papá, ella tiene mi mismo corazón!”, gritó la hija del millonario al levantar mi brazo frente a 30 invitados. Yo era la empleada de limpieza y llevaba seis años visitando la tumba de mi bebé. Su abuela quiso despedirme inmediatamente. Me quedé callada, anoté la fecha del cumpleaños y pedí una prueba de ADN. Nadie imaginaba quién había preparado aquella mentira. Advertisements

el pastel que había comido en su cumpleaños.

No comprendía todavía la magnitud de lo sucedido.

Y Mariana agradeció que así fuera.

Después de seis años, podía estar cerca de su hija sin pedir permiso para quererla.

El lunes siguiente, Diego y Mariana presentaron formalmente sus denuncias ante la Fiscalía.

Celia entregó las copias de los expedientes y aceptó declarar sobre su propia participación.

La investigación alcanzó al médico que había firmado los certificados y a varias personas vinculadas con la antigua clínica.

También comenzaron a revisarse otros expedientes de