“¡Papá, ella tiene mi mismo corazón!”, gritó la hija del millonario al levantar mi brazo frente a 30 invitados. Yo era la empleada de limpieza y llevaba seis años visitando la tumba de mi bebé. Su abuela quiso despedirme inmediatamente. Me quedé callada, anoté la fecha del cumpleaños y pedí una prueba de ADN. Nadie imaginaba quién había preparado aquella mentira. Advertisements

la fundación.

No fue un proceso sencillo.

Hubo declaraciones, peritajes y audiencias. La justicia no llegó de un día para otro, y Celia también tuvo que responder por sus decisiones.

Rebeca perdió la confianza de su familia y quedó sometida a un proceso penal.

Por disposición judicial se establecieron restricciones de contacto con Lucía mientras avanzaba el caso.

La pequeña recibió acompañamiento psicológico, y Diego comenzó a trabajar con especialistas para ayudarla a comprender su historia sin sentirse obligada a elegir entre las dos mujeres que la habían amado.

Mariana