comenzaron a recuperar algo que ningún dinero podía comprar.
Tiempo.
Meses después, Diego llevó a Mariana y Lucía al cementerio de San Juan del Río.
Tras revisar los documentos y completar los trámites correspondientes, habían conseguido identificar correctamente a la pequeña cuyas cenizas descansaban allí.
La nueva lápida llevaba el nombre que Diego había escogido para recordarla:
Alma Ramírez Villaseñor. Hija de Sofía y Diego. Amada para siempre.
Lucía observó las flores.
—Papá, ¿Alma era mi hermanita?
Diego asintió.
—Era una niña que también formaba parte de nuestra familia.
Lucía