una hija que habían perdido seis años de vida juntas y que ahora tenían muchos más por delante.
Aquella noche, antes de dormir, Lucía hizo una última pregunta.
—Mamá, ¿por qué tardaste tanto en encontrarme?
Mariana la besó en la frente.
—Porque hubo personas que nos escondieron la verdad, mi amor. Pero nunca dejé de quererte, ni siquiera cuando pensaba que ya no estabas aquí.
Lucía rodeó su cuello con los brazos.
—Entonces prométeme que no volverás a perderme.
Mariana la abrazó un poco más fuerte.
—Te prometo que siempre