haré todo lo posible por cuidarte.
Lucía cerró los ojos, tranquila.
Y Mariana comprendió que la mayor victoria no había sido demostrar que Rebeca mentía, ni recuperar su dignidad ante quienes la habían despreciado.
Había sido escuchar, después de tantos años, a su hija llamarla mamá.
Porque ninguna fortuna puede comprar el derecho de decidir quién merece criar a un hijo.
Y ninguna diferencia social vuelve menos valioso el amor de una madre.
Rebeca había tenido dinero, influencia y poder suficiente para ocultar la verdad durante seis años.
Pero no