Una Viuda Hambrienta Intentó Cambiar su Anillo de Bodas por un Pan, Pero el Hijo de un Ranchero le Dijo Algo que Cambiaría su Vida para Siempre: «No Necesitamos tu Oro, te Necesitamos a Ti»

ganado», decía Eusebio.

«Todavía podemos llevarlo hacia los pastizales del norte».

«¿Con qué dinero, Diego? El transporte, los hombres y los suministros cuestan. Y el pozo viejo apenas alcanza para los animales que tenemos aquí».

Hubo un largo silencio.

«Podemos pedir otro préstamo», sugirió Diego.

Eusebio golpeó la mesa.

«No pienso hipotecar esta tierra. Tu madre y yo levantamos Los Álamos con nuestras propias manos. No voy a entregar treinta años de trabajo a un banco».

Isabel se apartó discretamente.

Conocía demasiado bien aquella clase de angustia.

Había visto cómo