en el antebrazo y una pequeña herida en la frente.
Isabel lo encontró sentado junto al pozo mientras Basilio le echaba agua sobre las manos.
«¿En qué estaba pensando?», exclamó ella.
Diego levantó la mirada, sorprendido.
«Basilio estaba atrapado».
«¡Podría haber muerto!».
«Pero no ocurrió».
«¡Eso no significa que no pudiera pasar!».
Su voz se quebró.
Diego comprendió entonces que aquella furia escondía algo mucho más profundo.
El miedo de alguien que ya había perdido demasiado.
Isabel tomó su brazo con cuidado y comenzó a limpiar la quemadura con agua