—Cuando me vaya… ¿qué va a pasar con nosotros?
La pregunta quedó suspendida entre los dos.
Miré nuestras tazas.
Después miré sus ojos.
—No lo sé exactamente.
Valeria asintió despacio.
Parecía estar preparándose para escuchar algo doloroso.
Continué:
—Sé que vas a estudiar nueve meses en otra ciudad. Sé que yo tengo que recuperarme y seguir trabajando. Y sé que hay muchas cosas que todavía tenemos que descubrir.
Extendí mi mano izquierda sobre la mesa.
—Pero también sé que me gustaría intentarlo contigo.
Ella observó mi mano.
—¿Intentar qué?
Sonreí.