EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

aquella mañana, sonrió.

Pero su sonrisa desapareció enseguida.

—Lo que te conté no cambia nada.

—Para mí sí.

Bajó la mirada.

—Eso era precisamente lo que temía.

Me incliné ligeramente hacia delante.

—Déjame terminar, por favor.

Valeria asintió.

—Anoche estuve recordando muchas cosas. Cosas que hemos vivido juntos. Momentos en los que estuviste conmigo cuando nadie más sabía qué hacer.

Tragué saliva.

—Y también estuve pensando en todas las veces que quise decirte algo, pero no me atreví.

Ella levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué cosa?

La pregunta salió casi en