Ciudad de México.
Pero aquella vez no llegó directamente a mi departamento.
Primero aceptó un puesto en un centro veterinario que estaba desarrollando un servicio de rehabilitación.
El trabajo le permitiría colaborar con el equipo médico en el cuidado y seguimiento de los animales.
Encontró un pequeño departamento cerca de su nuevo empleo.
Cuando me contó sus planes, sonreí.
—Suena perfecto.
Ella me observó con atención.
—¿No te molesta que no me mude contigo?
Negué.
—Quiero que vivas donde te haga feliz.
Valeria dejó escapar un suspiro de alivio.
—Gracias.