Me acerqué y le tomé la mano.
—Aunque debo reconocer algo.
—¿Qué?
—Voy a extrañar tu costumbre de reorganizar mi cocina sin permiso.
Ella entrecerró los ojos.
—Nunca lo hice sin permiso después del primer día.
—Precisamente. Extrañaré la burocracia.
Nos reímos.
Durante los meses siguientes seguimos saliendo.
Algunas noches cenábamos en mi departamento.
Otras veces yo iba al suyo.
Los fines de semana hacíamos planes que no tenían nada que ver con hospitales, medicamentos o responsabilidades.
Fuimos al cine.
Asistimos a un concierto.
Viajamos a un pueblo pequeño donde