EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

pasamos una tarde entera discutiendo sobre cuál de los dos había interpretado mal el mapa.

Poco a poco aprendimos a ser pareja.

Discutíamos, por supuesto.

Valeria seguía intentando anticiparse a mis necesidades.

Yo seguía teniendo dificultades para reconocer cuándo algo me preocupaba.

Pero ahora hablábamos.

Nos preguntábamos.

Nos escuchábamos.

Y cuando alguno necesitaba espacio, el otro aprendía a respetarlo.

No éramos perfectos.

Éramos felices.

Y aquello resultó muchísimo mejor.

Casi un año después de aquel accidente, Valeria me invitó a visitar el centro donde trabajaba.

Habían terminado de acondicionar una