ser felices».
Leí el documento dos veces.
Después levanté la mirada.
—Está bastante bien.
Valeria cruzó los brazos.
—¿Bastante?
—Tengo una observación.
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PERRITA
perro
Sacó un bolígrafo del bolsillo.
—Te escucho.
Señalé el último espacio en blanco.
—Falta una condición.
—¿Cuál?
Tomé el bolígrafo con la mano derecha, ya recuperada, y escribí:
«Cuando uno tenga miedo, se lo dirá al otro. Nadie tendrá que adivinarlo».
Valeria leyó la frase.
Después me miró.
—Me parece justo.
—Entonces tenemos un acuerdo.
Extendí la mano derecha.
Ella la estrechó.