EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

una lluvia de pétalos de rosa.

Hubo cajas.

Muchísimas cajas.

Hubo discusiones sobre dónde colocar una estantería.

Hubo una lámpara que ninguno de los dos sabía instalar y para la que, por supuesto, contratamos a un electricista.

También hubo una tarde entera dedicada a decidir qué hacer con mi vieja bicicleta fija.

Valeria quería venderla.

Yo insistía en que algún día volvería a utilizarla.

Finalmente llegamos a un acuerdo.

La bicicleta permanecería en el departamento durante tres meses.

Si no la utilizaba, tendríamos que buscarle otro hogar.

A los cuatro