Después me miró a mí.
—Tal vez.
—Tal vez habríamos seguido fingiendo durante otros diez años.
Ella sonrió.
—Conociéndonos, es bastante probable.
La rodeé con los brazos.
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—Pero hay algo que quiero que sepas.
—Dime.
—No me alegra haberme roto el brazo.
Valeria soltó una carcajada.
—Eso espero.
—Y tampoco me alegra que hayas renunciado a tantas cosas por mí.
Su sonrisa se suavizó.
Continué:
—Ojalá pudiera regresar al pasado y decirte que tomaras aquel autobús a Mérida. Que no tenías que quedarte para demostrarme