EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

segundos contemplé aquella luz.

Después me reí.

Valeria apareció detrás de mí.

—¿Qué pasa?

Señalé el techo.

—Creo que el universo está poniendo a prueba nuestra relación.

Ella levantó la mirada.

Vio el foco parpadeante.

Y abrió mucho los ojos.

—Diego, ni se te ocurra…

Levanté ambas manos.

—Tranquila. Ya llamé al electricista.

Valeria soltó un suspiro exagerado.

—Menos mal.

Me volví hacia ella.

—¿Sabes qué es lo más curioso?

—¿Qué?

—Si no me hubiera caído aquella noche, quizá nunca habríamos tenido aquella conversación.

Valeria guardó silencio.

Miró la lámpara.