EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

cuánto me querías.

Valeria me observó durante unos segundos.

Después acarició mi mejilla.

—Yo también he pensado en eso.

—¿Y qué piensas ahora?

Respiró profundamente.

—Que no podemos recuperar todas las oportunidades que dejamos pasar. Pero podemos dejar de perder las que todavía tenemos delante.

Sentí un nudo en la garganta.

—Me gusta esa respuesta.

—Es que soy bastante inteligente.

Sonreí.

—Desde la clase de estadística.

Me besó.

Después apoyó la cabeza contra mi pecho.

Nos quedamos abrazados en medio del pasillo.

Sobre nosotros, el foco seguía parpadeando.

Y entonces