EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

algo así, Diego. Pero quiero estar segura de que lo dices porque realmente lo sientes.

Me levanté lentamente.

—Lo siento.

—Entonces podrás seguir sintiéndolo cuando ya no necesites que alguien te ayude a abrir los medicamentos.

Aquella respuesta me sorprendió.

Y después me hizo sonreír.

Porque era exactamente lo que necesitaba escuchar.

La Valeria que tenía delante ya no estaba dispuesta a seguir sacrificándose para averiguar si alguien la amaba.

—Tienes razón —respondí.

Ella parpadeó.

Probablemente esperaba que discutiera.

—¿La tengo?

—No te acostumbres.

Ambos soltamos una pequeña risa.

Después