añadí:
—Pero hay algo que quiero dejar claro. No tienes que quedarte aquí para comprobar cuánto me importas.
Su expresión se volvió seria.
—Diego…
—Quiero que vayas a Querétaro.
—Todavía no hemos hablado de cómo vas a arreglártelas.
—Precisamente por eso vamos a hablarlo.
Tomé mi teléfono.
—Pero esta vez no vas a organizarlo todo tú sola.
Aquel mismo día llamé a mi hermana Lucía.
Vivía a veinte minutos de mi departamento y trabajaba como contadora.
Cuando le conté que Valeria estaba considerando renunciar a una beca para cuidarme, permaneció