miré.
—Es tu camisa.
Se quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
—Que si quieres usarla, tendrás que encontrarla.
Mia apareció con un calcetín blanco y otro beige.
—¡Mamá! ¡No encuentro el otro!
Daniel cerró los ojos.
—Sofía.
—¿Qué?
—¿Puedes dejar de comportarte así?
—¿Así cómo?
—Como si quisieras demostrar algo.
Levanté una ceja.
—Solo estoy desayunando.
—Sabes perfectamente que Mia tiene colegio.
—Sí.
—Y hoy es la actividad familiar.
—También.
—Entonces ayúdala.
Miré a mi hija.
—Mia.
Ella me observó con resentimiento.
—¿Qué?
—La ropa que buscas está en tu habitación.