La primera noche en directo tuve náuseas.
No de miedo a las cámaras.
De miedo a fallar después de haber renunciado a tanto.
La maquilladora terminó mi rostro.
El productor me colocó el auricular.
La cuenta regresiva empezó.
Cinco.
Cuatro.
Tres.
Dos.
La luz roja se encendió.
Y algo dentro de mí recordó.
—Buenas noches.
Mi voz salió firme.
—Soy Sofía Herrera.
No señora Vidal.
No mamá de Mia.
Sofía Herrera.
Mi nombre.
El mío.
Durante sesenta minutos entrevisté a dos economistas, una médica y una escritora.
No olvidé ninguna