Me fui un mes y, cuando regresé, mi marido y mi hija descubrieron que ya no pensaba seguir rogando por un lugar en mi propia familia

comprenda, te llama a ti.

Silencio.

—Cada vez que mi hija quiere una adulta divertida, te llama a ti.

Respiré.

—Y cada vez que esta familia necesita a alguien para cocinar, organizar, disciplinar, recordar fechas, quedarse en casa, ceder, esperar y perdonar…

Pausa.

—Me llaman a mí.

Clara no respondió.

—Eso es lo que pasa.

—Nunca quise quitarte nada.

—Puede ser.

—Sofía…

—Pero aceptaste mucho.

Se quedó callada.

—Daniel me dijo que ustedes siempre habían sido cercanos.

—Sí.

—¿Entonces por qué te molesta ahora?

—Porque antes yo también aceptaba.

Miré