Me fui un mes y, cuando regresé, mi marido y mi hija descubrieron que ya no pensaba seguir rogando por un lugar en mi propia familia

contigo.

—Habla.

—Daniel está preocupado.

Sonreí.

—¿Te llamó?

—Sí.

Claro.

—Dice que desde que volviste estás muy distante.

—¿Y?

—Solo pensé que quizá…

—Clara.

La interrumpí.

—¿Qué lugar crees que ocupas en mi matrimonio?

Silencio.

—No entiendo.

—Sí entiendes.

Su voz cambió.

—Daniel y yo somos amigos desde antes de que tú aparecieras.

—Exacto.

—Nunca pasó nada.

—No he dicho que pasara.

—Entonces ¿cuál es el problema?

Pensé en ello.

Durante años había intentado responder esa pregunta.

—El problema es que cada vez que él necesita una mujer que lo