Me fui un mes y, cuando regresé, mi marido y mi hija descubrieron que ya no pensaba seguir rogando por un lugar en mi propia familia

todo lo que su madre hacía.

Mi garganta se cerró.

—¿Qué hacemos?

—Primero, repartir responsabilidades.

Miró a Daniel.

—Papá no puede ser solo la figura agradable o ausente.

Daniel bajó los ojos.

—Segundo, mamá necesita dejar de compensar la culpa.

Eso era para mí.

—Y tercero, todos los adultos deben respetar las mismas reglas.

—¿Incluida Clara? —preguntó Daniel.

La psicóloga levantó una ceja.

—Especialmente cualquier adulto que pase tiempo significativo con Mia.

Aquel día ocurrió algo pequeño.

Daniel no llamó a Clara para contarle la sesión.

Al menos no delante