la universidad.
Consiguió empleo en Monterrey.
Después fundó una empresa tecnológica que comenzó a crecer mucho más rápido de lo que cualquiera imaginaba.
Todo el pueblo hablaba de él.
Yo me sentía orgullosa.
No necesitaba aparecer en fotografías.
Me bastaba saber que aquel niño había salido adelante.
Hasta que dejó de llamar.
Las semanas se volvieron meses.
Los meses, años.
Una mañana recibí una invitación para la inauguración de su nueva residencia.
Pensé que era la oportunidad perfecta para volver a verlo.
Preparé un dulce de nuez que siempre le