bien. Maddie la necesita”.
Me quedé mirando aquellas palabras.
Durante años había creído que Ethan simplemente era un buen amigo.
Nunca imaginé que había comprendido tanto de lo que ocurría en nuestra casa.
Pero todavía faltaba algo.
Mi madre tomó el cuaderno y pasó hasta las últimas páginas.
Allí había varios recibos pequeños.
Algunos estaban doblados.
Otros tenían manchas de chocolate.
—¿Qué es esto? —pregunté.
Mamá respiró profundamente.
—Ethan comenzó a ahorrar dinero.
Fruncí el ceño.
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—¿Para qué?
—Para nuestro fondo de emergencia.
La miré