propietario.
Vanessa volvió a mirarlo.
—Me dijiste que ibas a venderlo.
Ethan se giró violentamente.
—Cállate.
—¿Perdón?
—No sabes de qué estás hablando.
—Sé perfectamente lo que me dijiste.
Megan levantó una mano.
—Esperen. ¿Vender qué?
Saqué una segunda carpeta.
—Esto.
Dentro había una solicitud de préstamo con garantía hipotecaria.
No estaba completada.
Pero sí suficientemente avanzada como para mostrar intención.
Megan la tomó.
Pasó dos páginas.
Su expresión cambió.
—¿Qué demonios es esto?
Ethan intentó quitársela.
Ella apartó la mano.
—¡No me toques!
—Megan, dame eso.
—¿Querías pedir un